miércoles, 1 de abril de 2009

PIEZA DEL MES DE ABRIL

Cristo escarnecido

Terracota policromada

24 x 14 x 12 cm

Siglo XVII

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra

Hacia 1580, san Juan de la Cruz notaba que la imagen religiosa tenía como fin «mover la voluntad y despertar la devoción» de los creyentes y por modelos escogía «las que más al propio y vivo están sacadas», al margen del «valor y curiosidad de la hechura y su ornato». Palabras ajustadas a la doctrina conciliar, aprobada años antes en Trento, que halla en la imaginería un recurso para conmover a los fieles, aleccionarlos en los principios de la fe y, de paso, contrarrestar la iconoclastia de los reformadores protestantes.

Aunque no eran novedosas, las imágenes vestideras adquieren a partir de entonces una enorme popularidad por su potencial dramático y su adaptabilidad a los ciclos litúrgicos. Pero, también, por su menor peso, aliviando algo su carga en los cortejos procesionales: funciones litúrgicas externas consideradas muy convenientes para la piedad popular dado su alto poder de sugestión.  

Para componer una de esas imágenes se modeló en barro, luego cocido y policromado, la mascarilla que exponemos: un rostro de Cristo patético y sanguinolento, que eleva su mirada y entreabre suplicante su boca. La pieza se insertaba en un vástago de madera, al que se ataba con cuerdas pasadas por los agujeros que se advierten. Ensambladas y articuladas llevaría las extremidades y un juego de costales rellenos o almohadillas le darían forma humanizada. Telas, pelucas y otros aditamentos lograrían, al fin, verismo.

La imagen de Cristo escarnecido así formada se utilizaba en evocaciones del ciclo pasional: la Coronación de espinas, el Ecce Homo o el popular Nazareno con la cruz a cuestas camino del Calvario. Tan solo bastaba con mudar de postura, ropajes y atributos a la figura para alcanzar el objetivo iconográfico deseado.

Juan Carlos Rubio Masa

miércoles, 4 de marzo de 2009

PIEZA DEL MES DE MARZO

Vinajeras

Plata moldeada, fundida, troquelada y calada

21 x 13 x 11 cm

Francisco de Paula Martos

Taller Cordobés. 1830

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra 

Marcas:

La de Córdoba, la del contraste Cristóbal Pesquero (1830/PESQUERO) y la del artífice Francisco de Paula Martos (F/MARTOS)

Aunque casi olvidada, Zafra tuvo otra feria, más antigua y de más arraigo que la de San Miguel. Concedida en 1395, se celebraba durante quince días en torno al 24 de junio, festividad de San Juan. Su esplendor llegó hasta el siglo XVIII, tras el que fue palideciendo para agonizar en la pasada centuria.

En la feria de 1830, el mayordomo del convento de Santa Clara adquiría, a un mercader de platería cordobés, estas vinajeras para servicio de la misa de diario. Mil quinientos veintidós reales con veintiocho maravedís le costaron los tres juegos que comprase, una cifra estimable si consideramos que equivalía, entonces, al sueldo anual de una maestra y la arroba de aceite no alcanzaba los veintinueve reales.

Este aderezo, compuesto por dos jarritas y una salvilla en la que se acomodan, se usa para contener el vino y el agua con los que llenar el cáliz antes del Ofertorio.

Obra de Francisco de Paula Martos, uno de los plateros más reconocidos de la Córdoba decimonónica, estas vinajeras responden a modelos neoclásicos, de ahí que el perfil elegido por el maestro para las jarritas recuerde el de ciertas vasijas de la antigüedad grecorromana: sobre peana circular perlada y gollete troncocónico, se dispone el recipiente, propiamente dicho, que muestra una panza aovada y un cuello cóncavo y asa sinuosa. La boca lleva una tapa alabeada en la que, para guardar el orden litúrgico, se ve un racimo de uvas, en una, y un pez, en la otra.

La bandeja o salvilla, de forma ovalada y orilla cóncava, tiene dos encajaduras donde asegurar las jarritas y se alza sobre pies trapezoidales con decoración vegetal esquemática calada.

Juan Carlos Rubio Masa

martes, 3 de febrero de 2009

PIEZA DEL MES DE FEBRERO

Escudilla

Loza pintada y vidriada

8 x 11 x 5 cm

Taller de Talavera de la Reina. Serie Azul

Mediados del siglo XVIII

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra

Inscripción: «D[oña]A BEATRIZ DE AREN[za]NA»

 

Doña Beatriz Rodríguez de Arenzana y de Mora, nacida en 1730 en Zafra y en cuna hidalga, tomó el hábito de clarisa a la edad de 15 años; y tras su profesión el 20 de octubre de 1746, fue conocida como sor Beatriz del Espíritu Santo. Toda su vida, que estuvo dedicada exclusivamente a la oración, transcurriría entre los muros de este monasterio, del que llegó a ser vicaria pocos años antes de su deceso acaecido en 1788.

Al ser miembro de una familia pudiente, aportó como dote para su ingreso en el monasterio 700 ducados en moneda, que le permitieron ser monja plena o de velo negro y poseer un ajuar para su servicio. De entre sus pertenencias se ha conservado esta escudilla, una «vasija ancha y de la forma de una media esfera, que se usa comúnmente para servir en ella la sopa y el caldo», que nos ha llegado deteriorada al haberse reutilizado como pila de agua bendita empotrada en una capilla de la clausura.

La pieza está decorada en azul cobalto, en varios tonos para dar profundidad, sobre fondo blanco estannífero. La pared externa muestra un paisaje compuesto por palacetes torreados, árboles de tronco lineal y extendida copa, arbustos punteados y pájaros esquemáticos, que culmina en un borde azulado. Dentro se orna con una cenefa de roleos vegetales y, en el fondo, un paisaje con un pájaro erguido entre dos arbustos y la inscripción alusiva a su dueña.

Los talleres y hornos talaveranos tuvieron su época de esplendor entre los siglos XVI y XVIII, siendo muy estimada su loza entre las clases acomodadas por ser abastecedores de la Corte. Esta escudilla era un objeto de calidad, delicado y precioso que perpetuaba en el claustro las diferencias sociales del siglo.

Juan Carlos Rubio Masa