lunes, 7 de enero de 2008

PIEZA DEL MES DE MAYO 2007


Virgen de la Caridad
Madera policromada
170 x 48 x 38 cm.
Círculo de Blas de Escobar
Segunda mitad del siglo XVII
Capilla del Arco de Jerez. Zafra


La capilla de la Virgen de la Caridad, en la que se venera la imagen expuesta, está construida sobre la puerta oeste o Arco de Jerez de la muralla de Zafra.
Aunque la cerca y sus puertas fueron levantadas entre 1428 y 1449, la construcción de la capilla es tardía. La reforma más antigua conocida es de 1611, pero su aspecto actual deriva de la obra ejecutada entre 1675 y 1679. Si en la primera se hizo una capilla abierta, entre las esculturas marmóreas de San Crispín y San Crispiniano, patronos del gremio de curtidores y zapateros; en la última, se creó el ámbito diáfano, cubierto con una cúpula sobre pechinas, que puede verse.
Desconocemos si el retablo y la imagen de la Virgen estuvieron colocados en la capilla-hornacina de principios del siglo, o se hicieron ex profeso para la nueva, dado que su cronología nos permite conjeturar lo uno y lo otro. Lo que no hay duda es su relación con las maneras de trabajar de Blas de Escobar, un ensamblador y escultor de prestigio en esa centuria, que nos ha dejado obras tan significativas como el grandioso retablo de la Colegiata (1656-1666) o el diminuto de la capilla hornacina de La Esperancita (1659).
Mas si el retablo y la imagen no se debieran a la mano de Escobar, lo serán de la de alguno de los maestros que se formaron en su taller: Alonso Rodríguez Lucas, Antonio Vélez Moro o Lorenzo Román. El primero se inició como aprendiz en 1661 y mantuvo una estrecha relación con su maestro, del que llegó a heredar parte de su biblioteca, así como su estética y artificio. Nos ha dejando huella de lo mismo en el retablo mayor de la iglesia conventual de Santa Clara, que contrata en 1670, un mes después del fallecimiento de Escobar.
La Virgen de la Caridad, que ocupa la hornacina principal del retablo, aparece de pie y algo envarada, en contraste con los agitados dobleces del manto que la envuelve y la inquietud del Niño que ofrece a la devoción de los fieles.
Se trata de una talla en madera de pino, a la que se ha aplicado una policromía mixta: mientras en las encarnaduras se emplea el óleo bruñido; en los paños, el pan de oro y el temple siguiendo las técnicas del estofado, esgrafiado y rajado. Los ojos son de vidrio soplado y el manto, que muestra una bellísima ornamentación, se remata con una fimbria de encaje de bolillo, encolada y dorada.

Juan C. Rubio Masa