lunes, 7 de enero de 2008

PIEZA DEL MES DE SEPTIEMBRE 2007


Relicario de Santa Dorotea
Madera policromada
54 x 42 x 27’5 cm
Madrid, circa 1600
Monasterio de Santa María del Valle. Zafra


Inscripción: «DE LA MÁRTIR S[ANTA] DOROTEA»

Los Duques de Feria, como la mayoría de la alta nobleza española de los siglos XVI y XVII, estuvieron muy preocupados por poseer reliquias y restos de santos, un afán que era en esencia un trasunto de la devoción e inquietud que tuvo Felipe II por coleccionarlos.
El segundo duque inició su colección en 1592 cuando, con motivo de su estancia en Roma como embajador ante el Papa Clemente VIII, fue autorizado a extraer ciertas reliquias del monasterio cisterciense de los Santos Vicente y Anastasio, de la iglesia de San Sebastián y de la catacumba de San Calixto. Años después, en 1601, el conjunto aumentaba con otra importante remesa de reliquias obtenidas en Francia y en el Rosellón y Cerdaña, entonces parte del Virreinato de Cataluña.
Su madre, la duquesa Juana Dormer, las recibía en Madrid donde residía, y se aprestaba a encargar a escultores y plateros los relicarios en los que engastarlas. En Zafra, entre tanto, se construía la capilla en la que habrían de exponerse a la veneración de los fieles.
Las crónicas y la documentación refieren la solemnidad de la ceremonia de entrega y depósito de los relicarios al convento de Santa Clara, celebrada el domingo 2 de noviembre de 1603.
Entre ellos venían tres bustos-relicarios grandes que contenían las cabezas de las santas Dorotea, que es el que exponemos, Margarita y Unifreda. Todos llevan una teca oval en el pecho, con su vidriera para proteger la reliquia, y están encarnados, dorados y con los ropajes grabados o estofados. Responden a una producción casi seriada, de gusto manierista, en la que es patente su rigidez e inexpresividad, fruto de su condición de estuche y no de imagen devota del santo cuyos restos guardan.
Santa Dorotea, como mártir de los primeros siglos, se nos muestra como una doncella cuyas vestiduras y peinado pretenden evocar la Antigüedad. El busto, que ha sido repintado en más de una ocasión, tiene en su espalda una portezuela que permite acceder a los restos.
Juan C. Rubio Masa