jueves, 1 de octubre de 2026

PIEZA DEL MES / OCTUBRE 2026


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vera effigies de sor María de Jesús de Ágreda
Grabado calcográfico
25.5 x 16.8 cm 
¿Clemente Billing?
1681

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra


Descendiente de una familia de cristianos viejos, hidalga y bien integrada en Ágreda (Soria), la venerable madre María de Jesús había nacido en esa villa el 2 de abril de 1602. Era hija de Francisco Coronel y Catalina de Arana, un matrimonio de tan acendrada religiosidad que los lleva a convertir su morada familiar en convento de concepcionistas, en el que profesan la madre y sus dos hijas en 1619; mientras el padre y los dos hermanos lo hacía en un convento franciscano.

Pronto, la joven comenzó a experimentar arrebatos místicos y episodios sobrenaturales que darán que hablar en el reino. Y tanto que su popularidad llegará al propio rey Felipe IV, con quien mantendrá una relación epistolar durante veintidós años. 

Pero, sor María es reconocida y su figura estudiada por ser autora del tratado Mística Ciudad de Dios, uno de los textos religiosos más editados y leídos del Barroco hispano y el que le daría fama. Aunque, también lo fue por el prodigio de la bilocación: extraño fenómeno por el que, al tiempo que residía en su convento de Ágreda, fue vista catequizar a los indígenas de Nuevo México.

En el retrato se la representa como la monja que era, pero en pose de escritora, dado el ademán de sostener la pluma y su obra cumbre. Su mirada elevada hacia el resplandor celeste evoca la inspiración divina de su libro. En el grabado se nos aclara que tenía entonces sesenta y tres años, una edad avanzada para la época.

 

Hasta el 31 de octubre de 2026
Galería alta 


lunes, 14 de septiembre de 2026

PIEZA INVITADA (septiembre / noviembre 2026)


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestra Señora de los Dolores
La devoción mariana de los toreros cordobeses

Madera policromada, terciopelo, oro, plata, nácar, perlas y cristales.
80 x 83 x 59 cm
Siglo XIX

Colección Claudia Salcedo Ramírez

 

 

La Virgen de los Dolores, venerada en la Iglesia cordobesa de San Jacinto, es una imagen barroca, de vestir, fechada en 1719, cuyo realismo y expresión de hondo sufrimiento, tras haber contemplado como su Hijo muere en la cruz, pronto convocó la devoción tanto de las clases populares, como de la aristocracia de la ciudad.

Entre unos y otros, los toreros, banderilleros, mozos de espada o picadores, el mundo taurino, en fin, se postraron también a sus plantas, piadosos, buscando su amparo ante el real riesgo que suponía enfrentarse las tardes de lidia a la bravura del toro. 

En estampas, su imagen pobló los altares portátiles o improvisados que montaban los espadas y subalternos, en los cuartos de las pensiones u hoteles o en las capillas de las plazas, para encomendarse antes de salir al ruedo. 

Mas, el fervor hacia la Dolorosa de San Jacinto llevó a encargar esta réplica en miniatura que permitiese, además, mantener la devoción domiciliaria. De ahí que vaya vestida con un conjunto de terciopelo negro, a semejanza del llamado manto de los dragones, en el que se ven aplicados detalles bordados que proceden de trajes de luces, con sus hilos de oro y plata y lentejuelas doradas, junto con aplicaciones de nácar, aljófar o cristal. De manera similar sus manos abiertas portan un rosario, la corona de espinas y un pañuelo para enjugar las lágrimas.

Esta devota imagen perteneció a la saga taurina cordobesa de los Bejarano, de la que formaron parte toreros decimonónicos como Guerrita o Lagartijo y rehileteros como Patatero o Pataterillo Chico.

martes, 1 de septiembre de 2026


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pirámide-relicario de san Marcial
Plata dorada, fundida y burilada
60,5 cm x 17 cm Ø 
Taller madrileño
Circa 1600

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra

 

Este relicario, realizado en plata dorada, exhibe con magnificencia una «canilla de san Marcial, mártir», como se hace constar en letras doradas en la filacteria de pergamino que la envuelve. Consta de un pie circular y un astil, con macolla periforme en su comedio, que sostienen una pirámide con sus vidrieras y se remata con un orbe coronado por una cruz. Una pieza en la que sus sobrias y pulidas formas geométricas contrastan con los finos y delicados motivos ornamentales burilados.

La reliquia contenida, un largo fragmento de una de las tibias del mártir, procedía del Monasterio de monjas cistercienses de Santa María en Bourbach, sito en la diócesis de Colonia (Alemania). 

Del cenobio salió en 1594 como presente de su abadesa Úrsula Katerback al segundo duque de Feria, Lorenzo Suárez de Figueroa, con autorización del arzobispo de Colonia. La reliquia llegó a Madrid en 1601 y la primera duquesa de Feria, Juana Dormer, su madre, seguramente encargó este edículo a algún taller de platería madrileño.

Fue Marcial de Roma, el menor de los llamados Siete Santos Hermanos, hijos de santa Felícitas o Felicidad, y el último de ellos en sufrir martirio. Siendo decapitado en torno al año 165, en tiempos del emperador Marco Aurelio. De su historicidad da cuenta la Depositio Martyrum del año 354, el más antiguo inventario de enterramientos de mártires romanos.


Hasta el 30 de septiembre de 2026
Galería alta