San Antonio de Padua
Óleo sobre lienzo
110.4 x 87.7 cm
Finales del siglo XVII
Monasterio de Santa María del Valle, Zafra
Es raro el convento clariano que no posea más de una representación de san Antonio de Padua, el santo franciscano más conocido después de san Francisco de Asís.
Antonio ya era sacerdote cuando conoce a Francisco, a cuya sombra vivirá poco más de una década, pues muere joven cinco años después de su protector. Mas su vida y predicaciones dejaron tal estela que permanecerá en la memoria y devoción de los frailes que levantarán en Padua una hermosa basílica en su honor.
Su historia y leyenda, sin embargo, no se divulgan hasta comienzos del siglo XV merced a las pláticas de san Bernardino de Siena. Tanta llegó a ser su popularidad que su imagen es una de las más reproducidas en las estampas devocionales flamencas y españolas sobre todo de siglo XVII.
En alguna de ellas se inspira esta composición pictórica en la que el santo se efigia de pie e integrado en un paisaje con un horizonte bajo. Porta, en su mano derecha, una vara de azucenas como símbolo de la pureza que mantuvo en su vida. Mientras que, con su mano izquierda, sostiene un libro sobre el que se asienta el Niño Jesús, aludiendo a su aparición en el aposento del santo. El detalle de coronarse con potencias flamígeras y sostener una larga cruz lleva a pensar en el origen español del grabado ignoto aludido.
Este lienzo quizá haya salido del pincel de alguna monja diletante, dado su carácter ingenuo y piadoso, tan apropiado para la devoción conventual.


