viernes, 12 de junio de 2026


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

San Miguel Arcángel restaurado
Madera de cedro policromada, dorada y estofada 
140 x 83 x 59 cm
Luisa Ignacia Roldán Villavicencio, la Roldana
1687
Iglesia parroquial de San Miguel, Zafra



Luisa Roldán (1652-1706), más conocida como la Roldana, talló en 1687, esta imagen del arcángel san Miguel para el retablo del hospital de su advocación en Zafra, por encargo y a costa del escribano Manuel Amaya y Flores, a la sazón su mayordomo. 

San Miguel aparece erguido y ataviado como un guerrero de la Antigüedad. Sus cabellos encrespados evidencian el fragor de la batalla, aunque no su rostro que se nos ofrece hermoso y sereno. En su mano derecha blande una espada, que quizá fue flamígera, dispuesta a asestar el tajo final a una figura demoníaca de aspecto reptiliano y caricaturesco que tiene sus pies. En la izquierda cargaría un escudo, quizá circular, hoy también perdido que llevaría grabado el texto Quit sicut Deus (¿Quién como Dios?) o sus iniciales.

La imagen evoca el pasaje del Apocalipsis (12 7-9) que refiere la batalla en la que combatieron Miguel y sus Ángeles contra el gran Dragón, «la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás», y los suyos que fueron finalmente expulsados del cielo.

Recientemente añadida a su catálogo, esta talla es una de las cuatro que se conocen de la escultora: quizá la más antigua sea la ejecutada para el retablo de la Colegiata de Zafra; la más espléndida es la conservada en el Museo de las Colecciones Reales de Madrid; y la más pequeña, la del Royal Ontario Museum de Toronto (Canadá). En todas colaborarían su marido Luis Antonio de los Arcos y, en el dorado y policromía, su cuñado Tomás de los Arcos. 

 

Restauración: Victoria Polo Serrano
Dirección General de Patrimonio Cultural y Documental 
Consejería de Cultura,Turismo y Deporte
JUNTA DE EXTREMADURA 

 

Hasta el 30 de junio de 2026
Sacristía conventual 

 

viernes, 5 de junio de 2026


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MARAVILLA FATAL
Presentación de la novela de José Miguel Martínez Torrejón
 

Viernes, 12 de junio – 20:30 horas
PARADOR DUQUES DE FERIA / ZAFRA


Entrada libre hasta completar aforo

 

El profesor Juan Santos Rincón Morales presentará en el Parador “Duques de Feria” de Zafra la novela Maravilla fatal escrita por nuestro paisano José Miguel Martínez Torrejón. Publicada por la Editora Regional de Extremadura, gira sobre la peripecia última de Francisco de Aldana, poeta y soldado de ascendencia extremeña al servicio del rey Felipe II.

Aldana viaja de Madrid a Lisboa, atravesando Extremadura y el norte del Alentejo, con objeto de convencer al rey don Sebastián de los peligros de emprender una guerra en el norte de África. Felipe II le ha entregado cartas e instrucciones para su primo el rey portugués con advertencias claras sobre los peligros de una incursión en territorio bereber. Buena parte de la información que lleva Aldana es fruto de sus pesquisas allí, donde disfrazado de judío, anduvo tres meses espiando al enemigo, conociendo sus fuerzas y alianzas. Aldana llega a Lisboa y se encuentra con un soberano, don Sebastián, impulsivo e inestable, terco e inmaduro. Y entre visita y visita al rey, Aldana va conociendo Lisboa, la otra gran protagonista de la novela, sus templos y palacios, sus barrios y mancebías, sus poetas y sus cortesanas, sus luces y sus sombras. Con todo ello va tejiendo el autor un vasto escenario de relaciones donde la sospecha, la intriga y los secretos de alcoba se solapan con episodios burdelescos y diálogos literarios.

José Miguel nació en Zafra y con apenas un año cambió esta tierra por la del levante español. El año 1975 regresó a Zafra para estudiar el COU y reclamar sus raíces. Luego cursó estudios universitarios de filología hispánica en las universidades de Alicante y en la Autónoma de Barcelona. Ha trabajado en diferentes universidades norteamericanas y portuguesas. Desde 1997 ejerce de profesor en la CUNY, la universidad de Nueva York. Su especialidad es la literatura española y portuguesa de época medieval y moderna. Entre sus numerosas publicaciones destaca una reciente revisión de la Brevísima relación de la destruición de las Indias, de Fray Bartolomé de las Casas, en la editorial Cátedra.

Maravilla fatal es una novela para disfrutar, aprender y pensar, que nos apremia también a emprender con prontitud una escapada a Lisboa.

jueves, 4 de junio de 2026

EXPOSICIÓN TEMPORAL / LATENS DEITAS


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LATENS DEITAS
El Corpus Christi en Zafra


EXPOSICIÓN TEMPORAL
Del 4 de junio al 16 de agosto de 2026


 

Las palabras Latens Deitas, traducidas habitualmente como Dios escondido, pertenecen a la primera estrofa de un himno eucarístico, atribuido a santo Tomás de Aquino, para la solemnidad del Corpus Christi.
Pero, en la Eucaristía descubrimos que escondido no es oculto, como algo fuera de mí, que está ahí y no puede encontrarse, sino que, en este misterio, descubrimos al Dios que se manifiesta más allá de los sentidos, al Dios que espera ser encontrado o, mejor, que sale a nuestro encuentro.
Quizá los místicos han sabido expresarlo mejor de lo que nosotros podamos hacer. San Juan de la Cruz dirá: ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido?
Como escondido y cercano, oculto y revelado lo describe santa Teresa de Jesús al decirnos: No está lejos el Señor de nosotros, sino tan cerca que está dentro.
En esta exposición, las palabras y las piezas seleccionadas proponen un recorrido: desde el hambre, una necesidad profundamente humana, nos adentramos en el núcleo del misterio eucarístico, para concluir advirtiendo que la Eucaristía no es únicamente la contemplación del misterio…

TENEMOS HAMBRE
Dios prepara una mesa

El hambre es una necesidad intensamente humana. La Escritura presenta reiteradamente a Dios como quien alimenta y sostiene a su pueblo: El Señor dijo a Moisés: Yo os haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día (Ex 16 4).
Todos tenemos hambre de amor, sentido, perdón, esperanza. Dios responde preparando alimento. Las piezas evocan la dimensión doméstica y comunitaria de la Eucaristía: una mesa preparada para todos, donde lo cotidiano se convierte en lugar de encuentro con lo divino.
San Juan Crisóstomo, uno de los Santos Padres de la Iglesia, en una de sus homilías sobre el evangelio de san Mateo, se pregunta: ¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Y nos reconviene: Empieza por saciar al hambriento, y luego, con lo que sobre, adornarás el altar (Homilia 50 3-4).

TOMÓ EL PAN
La mesa de la Cena

La Eucaristía es memoria viva de Jesús que se entrega.
Tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: —Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.
Igualmente tomó la copa después de cenar y dijo: —Ésta es la copa de la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.
(Lc 22 14-20).
Nos adentramos en el misterio eucarístico: la entrega de Cristo. Los objetos litúrgicos nos ayudan a ver la dimensión sacramental de la realidad. La Eucaristía aparece como memoria viva: pan partido y vino derramado que hacen presente una alianza fundada en la entrega.
San Agustín exhorta a los fieles que se acercan a la Eucaristía: Sed lo que veis y recibid lo que sois: el Cuerpo de Cristo (Sermón 272).
Y el Papa Francisco, en su homilía de la solemnidad de Corpus Christi del 4 de junio de 2015, nos recuerda que: La Eucaristía no es un premio para los buenos, sino la fuerza para los débiles, para los pecadores. Es el perdón, es el viático que nos da la fuerza para caminar […] y nos compromete con los pobres.

AMÓ HASTA EL EXTREMO
La vida eucarística es entrega

La Eucaristía no es un objeto para mirar; enseña un modo de vivir: partirse por los demás. Quien come este pan aprende a darse. No es tampoco ni únicamente contemplación del misterio: es aprendizaje de una forma de vivir.
La Eucaristía desborda el espacio del templo y se prolonga en la atención a los enfermos, en la vivencia de amor fraterno y en la solidaridad concreta. El pan de la Eucaristía interpela la vida entera.
Pues bien, si yo, vuestro Maestro y Señor, os he lavado los pies, lo mismo debéis hacer vosotros unos con otros (Jn 13 14).
La divinidad escondida no se revela solo en el resplandor de los metales preciosos ni en la solemnidad de las custodias. Permanece en las manos que sirven, en el pan compartido y en la memoria humilde de quienes hicieron de la mesa común un lugar de comunión.
El misterio eucarístico no pertenece exclusivamente al ámbito de lo litúrgico y sagrado, sino que se encarna continuamente en los gestos humanos de cuidado, alimento y entrega. Porque toda Eucaristía verdadera termina siempre fuera del altar.

Díptico de la exposición: