sábado, 31 de octubre de 2026

PIEZA DEL MES / NOVIEMBRE 2026

 

 

Memento mori
Grabado calcográfico
12.4 x 15.6 cm 
Escuela francesa
Segunda mitad del siglo XVII 

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra


Dentro de un libro de espiritualidad hallamos esta estampa en la que, sobre una mesa cubierta con un tapete, aparece una calavera encima de un libro y un reloj de arena al lado. Una flor segada, lágrimas negras y un barroco cortinaje completan una imagen a la que se añade debajo un texto lúgubre en lengua francesa y letras capitales.

Vertido al castellano, el pasaje entre las patas del escritorio viene a decir: «Piensa en la muerte. La hora es incierta». Y el del pie: «Es más tarde de lo que piensas. Piensa en ti, tu hora avanza».

La estampa habría que encuadrarla en el género artístico de la «vanitas», una palabra latina que evoca la frase inicial del Eclesiastés (1 2): «¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad!». Derivada del bodegón con sus flores, frutos y objetos placenteros, muestra en cambio cráneos, esqueletos, relojes de arena, flores marchitas, libros, mapas, y objetos científicos o de prestigio que evocarían la fragilidad de la existencia, lo provisorio de los méritos y placeres y lo inevitable de la muerte.

Esta composición es una alegoría moralizante, muy popular entre los siglos XVII al XIX, que buscaba que los devotos reflexionasen sobre la fugacidad de la vida terrenal. 

Pero la idea es mucho más antigua y proviene del mundo clásico: es el «memento mori», una sentencia latina que traducida como «recuerda que vas a morir» no buscaba el pesimismo, sino la aceptación de nuestra condición humana y vivir la vida de una manera más plena y sabia.

 

Hasta el 30 de noviembre de 2026
Galería alta 



jueves, 1 de octubre de 2026

PIEZA DEL MES / OCTUBRE 2026


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vera effigies de sor María de Jesús de Ágreda
Grabado calcográfico
25.5 x 16.8 cm 
¿Clemente Billing?
1681

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra


Descendiente de una familia de cristianos viejos, hidalga y bien integrada en Ágreda (Soria), la venerable madre María de Jesús había nacido en esa villa el 2 de abril de 1602. Era hija de Francisco Coronel y Catalina de Arana, un matrimonio de tan acendrada religiosidad que los lleva a convertir su morada familiar en convento de concepcionistas, en el que profesan la madre y sus dos hijas en 1619; mientras el padre y los dos hermanos lo hacía en un convento franciscano.

Pronto, la joven comenzó a experimentar arrebatos místicos y episodios sobrenaturales que darán que hablar en el reino. Y tanto que su popularidad llegará al propio rey Felipe IV, con quien mantendrá una relación epistolar durante veintidós años. 

Pero, sor María es reconocida y su figura estudiada por ser autora del tratado Mística Ciudad de Dios, uno de los textos religiosos más editados y leídos del Barroco hispano y el que le daría fama. Aunque, también lo fue por el prodigio de la bilocación: extraño fenómeno por el que, al tiempo que residía en su convento de Ágreda, fue vista catequizar a los indígenas de Nuevo México.

En el retrato se la representa como la monja que era, pero en pose de escritora, dado el ademán de sostener la pluma y su obra cumbre. Su mirada elevada hacia el resplandor celeste evoca la inspiración divina de su libro. En el grabado se nos aclara que tenía entonces sesenta y tres años, una edad avanzada para la época.

 

Hasta el 31 de octubre de 2026
Galería alta 


lunes, 14 de septiembre de 2026

PIEZA INVITADA (septiembre / noviembre 2026)


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestra Señora de los Dolores
La devoción mariana de los toreros cordobeses

Madera policromada, terciopelo, oro, plata, nácar, perlas y cristales.
80 x 83 x 59 cm
Siglo XIX

Colección Claudia Salcedo Ramírez

 

 

La Virgen de los Dolores, venerada en la Iglesia cordobesa de San Jacinto, es una imagen barroca, de vestir, fechada en 1719, cuyo realismo y expresión de hondo sufrimiento, tras haber contemplado como su Hijo muere en la cruz, pronto convocó la devoción tanto de las clases populares, como de la aristocracia de la ciudad.

Entre unos y otros, los toreros, banderilleros, mozos de espada o picadores, el mundo taurino, en fin, se postraron también a sus plantas, piadosos, buscando su amparo ante el real riesgo que suponía enfrentarse las tardes de lidia a la bravura del toro. 

En estampas, su imagen pobló los altares portátiles o improvisados que montaban los espadas y subalternos, en los cuartos de las pensiones u hoteles o en las capillas de las plazas, para encomendarse antes de salir al ruedo. 

Mas, el fervor hacia la Dolorosa de San Jacinto llevó a encargar esta réplica en miniatura que permitiese, además, mantener la devoción domiciliaria. De ahí que vaya vestida con un conjunto de terciopelo negro, a semejanza del llamado manto de los dragones, en el que se ven aplicados detalles bordados que proceden de trajes de luces, con sus hilos de oro y plata y lentejuelas doradas, junto con aplicaciones de nácar, aljófar o cristal. De manera similar sus manos abiertas portan un rosario, la corona de espinas y un pañuelo para enjugar las lágrimas.

Esta devota imagen perteneció a la saga taurina cordobesa de los Bejarano, de la que formaron parte toreros decimonónicos como Guerrita o Lagartijo y rehileteros como Patatero o Pataterillo Chico.