EL SEÑOR DE LA HUMILDAD
Cristo, sentado, afligido por tantos agravios recibidos, pensativo y melancólico, aguarda a ser clavado en la cruz. El tiempo parece haberse detenido. Toda la gestualidad se condensa en un instante...
Ya ha sido despojado de sus vestiduras. Su boca entreabierta exhala un sordo quejido, evocando el pasaje bíblico: «Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos» (Is 50 6). Es el instante en que inclina y ladea la cabeza para apoyarla sobre la palma de su mano.
Una escena patética y conmovedora en la que Jesús, el Hijo del hombre, que contempla cómo están cavando el hoyo dónde se hincará la cruz, medita. Su humanidad aflora. Él, solo, exánime, agotado por los golpes y la infamia, coronado de espinas como el rey de un carnaval, y a la espera de la muerte, se nos ofrece acongojado ante su evidente derrota. Su mirada baja y perdida lo dice todo.
¿Su vida habrá servido para algo?
NATIVIDAD DE UNA IMAGEN DEVOTA
Esta patética imagen de Cristo surge a finales del siglo XIV en Alemania. Conocida como Christus im elend o Christus in der Rast (Cristo en la miseria y Cristo en reposo, respectivamente), pronto se extiende por el continente. En la zona oriental es Chrystus Frasobliwy (Cristo afligido) o también será Cristo sentado, pensativo o en prisión. En los Países Bajos y Francia será Christ sur la pierre froide (Cristo sobre la piedra fría), en alusión a la roca del Gólgota sobre la que Jesús se sienta, extenuado y maniatado, a la espera de la crucifixión.
Es una iconografía que no está tomada ni de los Evangelios sinópticos ni de los apócrifos. Quizá surgiera de las predicaciones franciscanas o dominicas, que insistían en el dramatismo de la Pasión, o quizá de los Misterios, unas piezas teatrales religiosas que se dramatizaban durante la Cuaresma o la Semana Santa.
Mas a comienzos del Quinientos sería reinterpretada por el pintor alemán Alberto Durero. En su Pequeña Pasión nos ofrece la imagen de Cristo acongojado, semidesnudo, sentado en un banco pétreo, encorvado y hundido el rostro en su mano derecha; mostrándonos los estigmas pasionales, coronado de espinas y con las potencias de su divinidad.
LOS HERMANOS DEL SEÑOR DE LA HUMILDAD
De ese modelo devienen las imágenes de la Humildad y Paciencia que se veneran en España e Hispanoamérica. Muy recurrentes entre los siglos XVI a XVIII, tiene en Zafra como paradigma al Señor de la Puerta de Jerez, la imagen del Cristo meditabundo y melancólico momentos antes de ser crucificado, que se venera desde 1712 en la capilla levantada sobre dicha puerta de la muralla medieval.
Existen, no obstante, ciertas variantes devocionales que surgen al colocar al lado o sobre la figura de Cristo ciertos elementos o postizos que transforman la iconografía original. Así, disponiendo una columna al lado nos transporta a los instantes posteriores a la Flagelación; mientras que si le colocamos una capa sobre los hombros y una caña en su mano se convierte en el Eccehomo, tras la coronación de espinas.
Esta exposición reúne junto a tres antiguos lienzos, procedentes del Monasterio de Santa María del Valle, una colección fotográfica que desea mostrar cómo se ha reinterpretado esta iconografía a lo largo del mundo cristiano desde el siglo XV al XX.


