Cristo muerto en la cruz
Madera de boj en su color con detalles polícromos
Cruz: 44.5 x 39.5 cm
Cristo: 29.5 x 23.5 cm
Taller Flamenco
Primeras décadas del siglo XVI
Monasterio de Santa María del Valle, Zafra
Este pequeño crucificado tiene una gran afinidad con el Cristo de La Laguna, una imagen por la que los canarios profesan gran devoción. Si bien, la tinerfeña es de tamaño casi natural y policromada, mientras que esta se concibió para la devoción privada, yendo la madera en su color con toques polícromos.
En ambas se mantienen rasgos goticistas entrelazados con los aportados por la entonces novedosa corriente renacentista: la curvatura que describen los cuerpos, más pronunciada en el expuesto, se funde con un sugerente, naturalista y minucioso estudio anatómico. También encontramos analogías en la disposición de la cabeza, de los pies y manos o en la llaga del costado, así como en la compostura de los cabellos o en el nudo del paño de pureza.
Siendo las similitudes tantas, podría estimarse que las imágenes sean fruto de un mismo taller o ámbito artístico, concretamente el flamenco de principios del Quinientos. No obstante, existen diferencias entre ambas, derivadas de los distintos materiales y acabados empleados o de las funciones a las que se destinarían. Pero, la más llamativa es la ausencia de corona de espinas, extraviada sin duda, en la pieza de gabinete; cuando la del Cristo lagunero va tallada en la propia cabeza.
Aunque, podría considerarse la menor como una tardía reinterpretación devota, el empleo de madera de boj nos orienta hacia un taller centroeuropeo habituado a su labra, en la que el grafismo de la gubia había de ser delicado y el pulido preciso para resaltar el marfileño color natural.
