jueves, 3 de julio de 2008

PIEZA DEL MES DE JULIO










Historia de la muerte y glorioso martyrio del Sancto Inocente, que llaman de la Guardia
Papel y encuadernación en pergamino
20,3 x 15,5 x 3 cm.
Fray Rodrigo de Yepes
Impreso por Juan Íñiguez de Lequerica. Madrid, 1583

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra



En 1682 donaba este libro al convento una religiosa que no quiso dejar su nombre escrito. La obra, compuesta de cinco tratados, se inicia con el dedicado al martirio del Santo Niño de La Guardia, ocurrido supuestamente en esa villa toledana en 1490.

En junio era detenido un converso, vecino del pueblo, que reconocería bajo tormento que judaizaba lo mismo que otros del cercano Tembleque. Detenidos todos, uno llegó a confesar que el Viernes Santo pasado había visto a los demás crucificar a un niño y, después, extraer su corazón y unirlo a una hostia consagrada para hacer un hechizo que «echándolo en los ríos y fuentes, los [inquisidores y cristianos] que bebiesen perdiesen el seso y la vida». Con ello pretendían vengar el auto de fe celebrado en Toledo a comienzos del año.

Fray Rodrigo Yepes, tras exponer los antecedentes del caso en Francia, nos describe el rapto, juicio, crucifixión y entierro del niño, buscando su correspondencia con la pasión de Cristo. Su lectura pone en evidencia como la tortura llevar a cualquiera puede a inculparse de los delitos más atroces e impíos. El proceso inquisitorial seguido culminó con la ejecución de todos los encausados en un auto de fe celebrado en Ávila en 1491.

La xilografía de la portadilla muestra al Santo Niño con alas en los tobillos, muñecas y espalda, abrazado a la cruz y asiendo un yugo con su mano diestra. Una iconografía nueva, cuyo simbolismo Yepes fundamenta en San Mateo, «yugo es este muy suave/ y leve la Cruz amada/ pues de un niño es ya llevada» y en Platón, «a las ánimas justas les nacen alas, con que vuelan al cielo».


Juan Carlos Rubio Masa



domingo, 1 de junio de 2008

PIEZA DEL MES DE JUNIO

Tres tembladeras Plata moldeada, repujada y fundida 4 x 10 x 4,5 cm. José Alexandre Ezquerra Taller sevillano. Tercer cuarto del siglo XVIII Monasterio de Santa María del Valle, Zafra
Marca del artifice: «ALEXANDRE» Inscripción en la base: «JOAQ[ui]NA V[i]CO»
El Diccionario de Autoridades de 1739 define la tembladera como un vaso ancho de plata, de figura redonda, con dos asas a los lados y un pequeño asiento. Utiliza como fuente lexicográfica el fragmento de la Dorotea (1632) de Lope de Vega: «dale a Gerarda aquella tembladera de plata, para que haga chocolate», que esclarece, de paso, su uso; si bien no alcanza a sugerir que también servía en la mesa, dispuesta sobre un plato o salvilla, para beberlo. Y justifica su nombre en que son de «hoja muy delgada, que parece que tiembla», puesta al fuego en el anafe.
Las tembladeras, que exponemos, fueron fabricadas por el platero sevillano José Alexandre Ezquerra (1715-1786), cuya marca se reitera en las asas. Fue este un orfebre minucioso, examinado en 1751, que nos ha legado una obra preciosista en la que denota su dominio del lenguaje rococó, como se advierte en la arqueta eucarística, fechada entre 1770 y 1775, que se exhibe en el Museo.
Empero, estas piezas, austeras y clasicistas, seguramente sean de su primera época: son tres cuencos de poca hondura, cuerpo gallonado, boca ornada con dieciséis lóbulos y asas de cartones en ge, cuya curva apenas aúpa del borde de la boca. En la base, plana, todas llevan inscrito el nombre de su dueña y los ejes y la señal del puntero que sirvieron de guías para moldearlas.
Desconocida su procedencia, presumimos que formaron parte de una vajilla familiar y llegaron al convento por donación; allí, aparte del uso descrito, se utilizaron en la liturgia como purificadores.
Juan Carlos Rubio Masa

lunes, 5 de mayo de 2008

PIEZA DEL MES DE MAYO


Corazón de María
Madera dorada, policromada y telas
90 x 36 x 36 cm.
Último tercio del siglo XIX

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra

La devoción al Corazón de María, que se inicia en el siglo XVII, se fomenta en el XIX con las pastorales del padre Claret y la fundación de los cordimarianos, como respuesta a la dramática situación que atravesaba la Iglesia española tras la desamortización y la propaganda revolucionaria atea y anticlerical del siglo. Resurge entonces un nuevo misticismo en el que las almas sencillas encontrarán consuelo en la oración ante la Virgen «ostentando su purísimo Corazón».

La imagen que exponemos es una talla conocida como de «cap i pota», expresión que sirve para referirse a las de vestir que, a diferencia de las de centurias anteriores, poseen piernas. Un tronco de madera, apenas desbastado para darle apariencia humana, sirve de sustento a la cabeza y a las extremidades articuladas que, como únicas partes que han de ser vistas, aparecen estucadas y policromadas. Esta traza permitía su atavío con facilidad y que sus vestidos y mantos, joyas y coronas se ajustasen a los ciclos litúrgicos.

Herederos de lo más delicado de la iconografía mariana barroca, estos simulacros salidos de talleres catalanes de imaginería conmovían a los fieles por su amable semblante y por lo sutil de su gestualidad.

Perteneció a sor Jacinta Aparicio de la Presentación, monja clarisa del convento, que conseguiría en 1893 del obispo de Badajoz, el franciscano fray Francisco Saenz de Urturi y Crespo, una bula de indulgencias para quienes a sus plantas orasen devotamente. Hasta hace unos años se veneraba en la enfermería conventual.

Juan Carlos Rubio Masa