jueves, 1 de octubre de 2015

PIEZA DEL MES - OCTUBRE 2015




Virgen del Pilar
Alabastro y plata
36 x 13,2 x 12,2 cm
Siglo XIX
Monasterio de Santa María del Valle, Zafra



El 12 de octubre se celebra la fiesta de la Virgen del Pilar, patrona de la Hispanidad por coincidir la fecha con la del Descubrimiento de América.


La historia pilarista, que hunde sus raíces en un secular proceso de tradicionalización, no encuentra datos fiables hasta finales del siglo XIII y se fecha en 1471 el documento que refiere por vez primera la aparición de la Virgen en carne mortal al apóstol Santiago. 


La devoción que se mantiene en un área local durante siglos, se extenderá por el resto de España a partir de mediados del Seiscientos. Ahora bien, será a lo largo del siglo XIX, tras la Guerra de la Independencia, cuando alcance su culto el mayor desarrollo. De entonces acá, la Pilarica ha visto aumentar sus devotos, sin poder evitar ser utilizada para acentuar el carácter sacro y de vertebración de ciertos movimientos políticos y nacionales.


Por lo mismo, será en esa centuria cuando más se difunda su imagen: esculturas, medidas o estampas servirán para satisfacer la fervorosa demanda que se iba generando.


Esta réplica de la Virgen del Pilar, que se conserva en la celda abacial del monasterio, fue labrada por entonces. Está esculpida en alabastro y compuesta por dos piezas que se ensamblan: una, la imagen mariana sobre nubes y la columna toscana y, otra, el pedestal de base cuadrilonga y laterales ataludados que sirve de base; a las que añadir habría la diminuta corona de plata con su aureola de rayos. 


Su carácter de trasunto piadoso lo refleja tanto la apariencia, como su alzada, pues mide treinta y seis centímetros, igual que la imagen original de la Virgen que se venera en la basílica de Zaragoza.

















Galería alta. Hasta el 31 de octubre

CUADERNOS DE ÇAFRA 2015


martes, 1 de septiembre de 2015

PIEZA DEL MES - SEPTIEMBRE 2015


Aureolas de santidad
Plata en su color cincelada
 

Nimbo:
19 cm Ø
Miguel María Palomino
Taller sevillano
1777-1829


Diadema:
18 x 21 cm
Sin marcas
¿Taller cordobés?
Finales del siglo XVIII o principios del XIX

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra


Las imágenes de los santos, aunque también las de los dioses o héroes de la mitología antigua, se reconocen por los atributos que portan. Entre ellos los hay individuales, o propios del santo al que identifican, y genéricos o universales, que suelen ser comunes a todos los santos.


Entre estos últimos, el obligado es la aureola. Ya en 1726, era definida en el Diccionario de Autoridades como «la diadéma, esphéra, ò círculo de luz que se pone, ò con que se pintan las imágenes de los Justos que la Iglésia ha beatificado, ò canonizado, de quienes es señal distintiva». También se denomina nimbo, pero hubo que esperar a la edición del diccionario de 1884, para que se incluyese aceptando su sinonimia.

Su origen es helenístico. Un halo de rayos cercaba la cabeza de Apolo para denotar la luz que irradiaba como dios del sol. Los emperadores romanos, como signo de majestad, fueron los últimos en utilizarla en las monedas que acuñaban.


Para el cristianismo fue tan solo un préstamo, aunque se trocó su carácter divino en atributo de santidad. No por ello dejaron de usarlo los emperadores bizantinos para circundar sus cabezas en los mosaicos conmemorativos. En Occidente, antes del año mil, los hubo además cuadrados, que encarnaban la tierra e indicaban que el personaje estaba vivo. Y triangulares, pero con el tiempo solamente éstos lo llevan las imágenes del Padre Eterno.


Las dos piezas que contemplan, obras de talleres de platería andaluces a caballo de los siglos XVIII y XIX, evidencian su estética rococó en el uso de rocallas.