lunes, 1 de febrero de 2010

PIEZA DEL MES DE FEBRERO

Libro del juego del ajedrez 19 x 14,5 x 2 cm Ruy López de Segura Alcalá de Henares, 1561
Tablero de ajedrez Papel 29 x 20 cm Siglo XVI Museo Santa Clara, Zafra Cuenta Covarrubias, en su Tesoro de la Lengua (1611), que en Zafra vivió «un muchacho que, siendo de muy poca edad, era tan gran jugador de axedrez, que todos le reconocían la ventaja, y quedó el nombre del niño de Çafra». No era ese joven otro que Ruy López. Nacido a comienzos de la década de 1530, en el seno de una familia de mercaderes que lo encaminaron hacia estudios eclesiásticos, tuvo tal inquietud intelectual que se preocupó por temas diversos, publicando obras sobre numismática o latín. Pero será la redacción del Libro de la invención liberal y arte del juego del Axedrez…, que fue traducido y editado en toda Europa, lo que le dará fama internacional. El que se expone es un ejemplar de su primera edición, que se acompaña de un tablero en papel, en el que se señala la colocación de los trebejos en los escaques. Piezas ambas que se cree han sido de su propiedad y mano. El libro describe su famosa «apertura española», o «juego de salto de Ruy López», que consiste en tres movimientos: abren la partida las blancas adelantando el peón de rey dos casillas y dando las negras la réplica. Las blancas continúan moviendo el caballo de rey a la columna del alfil y las negras lo mismo. El último movimiento es el substancial, ya que las blancas llevan su alfil a la quinta casilla del caballo de reina, dando jaque al rey. En 1575, Ruy venció a Giovanni Leonardo da Cutro Il Putino en un torneo, organizado por Felipe II, que se viene considerando como primer campeonato mundial de ajedrez.
Juan Carlos Rubio Masa

domingo, 3 de enero de 2010

PIEZA DEL MES DE ENERO

Busto-relicario de San Sebastián Madera policromada 28,5 x 22 x 13 cm Madrid. c. 1600 Monasterio de Santa María del Valle, Zafra Inscripción: «S[an] SEBASTIAN» El veinte de enero, «cuando más hiela», la Iglesia celebra a San Sebastián, del que la Leyenda Dorada cuenta que sufrió un doble martirio allá por el siglo III. Su fiesta litúrgica, en algunos pueblos de Extremadura, se ha vinculado a ritos atávicos, como Las Carantoñas o El Jarramplas, que al cristianizarse han pervivido fosilizados como un eco remoto e insondable. Su devoción estuvo otrora tan extendida que, por los campos de la región, abundan las ermitas bajo la advocación de los Santos Mártires, para venerarlo asociado a San Fabián, un Papa martirizado poco antes. En Zafra, su ermita se alzaba a la vera del camino de La Puebla y Jerez, en su torno se fue formando desde finales del siglo XV la barriada de los Mártires y, en el XVIII, en su emplazamiento se fundaba un convento de carmelitas. Sebastián era miembro de la guardia imperial, al tiempo que buen cristiano. Denunciada su confesión, fue obligado a escoger entre la milicia o seguir a Cristo. Y como su elección ofendió al poder, fue atado a un árbol para que un pelotón lo asaeteara. Más, no llegando a expirar y abandonado, alguien lo liberó y curó. Recuperado, se presentó ante el emperador para recriminarle su persecución a los cristianos, por lo que nuevamente fue condenado a morir, pero esta vez apaleado. El relicario expuesto formaba parte del conjunto que enviaron los Duques de Feria al convento en 1603. La talla muestra, como es tradicional, al santo desnudo, atado al árbol y acribillado; y, en su pecho, la reliquia dentro de una teca oval. Es una imagen expresiva y piadosa que no oculta cierto regusto vallisoletano.
Juan Carlos Rubio Masa