lunes, 14 de septiembre de 2026

PIEZA INVITADA (septiembre / noviembre 2026)


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestra Señora de los Dolores
La devoción mariana de los toreros cordobeses

Madera policromada, terciopelo, oro, plata, nácar, perlas y cristales.
80 x 83 x 59 cm
Siglo XIX

Colección Claudia Salcedo Ramírez

 

 

La Virgen de los Dolores, venerada en la Iglesia cordobesa de San Jacinto, es una imagen barroca, de vestir, fechada en 1719, cuyo realismo y expresión de hondo sufrimiento, tras haber contemplado como su Hijo muere en la cruz, pronto convocó la devoción tanto de las clases populares, como de la aristocracia de la ciudad.

Entre unos y otros, los toreros, banderilleros, mozos de espada o picadores, el mundo taurino, en fin, se postraron también a sus plantas, piadosos, buscando su amparo ante el real riesgo que suponía enfrentarse las tardes de lidia a la bravura del toro. 

En estampas, su imagen pobló los altares portátiles o improvisados que montaban los espadas y subalternos, en los cuartos de las pensiones u hoteles o en las capillas de las plazas, para encomendarse antes de salir al ruedo. 

Mas, el fervor hacia la Dolorosa de San Jacinto llevó a encargar esta réplica en miniatura que permitiese, además, mantener la devoción domiciliaria. De ahí que vaya vestida con un conjunto de terciopelo negro, a semejanza del llamado manto de los dragones, en el que se ven aplicados detalles bordados que proceden de trajes de luces, con sus hilos de oro y plata y lentejuelas doradas, junto con aplicaciones de nácar, aljófar o cristal. De manera similar sus manos abiertas portan un rosario, la corona de espinas y un pañuelo para enjugar las lágrimas.

Esta devota imagen perteneció a la saga taurina cordobesa de los Bejarano, de la que formaron parte toreros decimonónicos como Guerrita o Lagartijo y rehileteros como Patatero o Pataterillo Chico.