domingo, 5 de abril de 2009

PIEZA INVITADA

Cruz de Guía

Madera tallada en su color con detalles dorados

2,21 x 1,27 x 12 cm

Segunda mitad del siglo XVII

Hermandad del Silencio, Zafra

 

Flanqueada por faroles, encabeza en la Madrugá de Zafra la salida procesional de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de los Desamparados y María Santísima del Mayor Dolor. Un lúgubre cortejo en el que tan solo los golpes de las varas de los fiscales y de la maza del paso del Cristo, con los que se reinicia la andadura, rompen el silencio, por el que se conoce popularmente a la cofradía y a su estación de penitencia.

La cofradía de nazarenos fundada en 1946, en torno a una talla de Cristo crucificado, vino a completar las escenas de pasión de la Semana Santa zafrense. En sus reglas, como seña de identidad, se adoptó el silencio: querían evocar el carisma de los Carmelitas Descalzos que, por entonces, regentaban la iglesia de Santa Marina.

La Cruz de Guía, que exponemos, fue donada a la hermandad por las dominicas del extinto convento de Santa Catalina.

JCRM

miércoles, 1 de abril de 2009

PIEZA DEL MES DE ABRIL

Cristo escarnecido

Terracota policromada

24 x 14 x 12 cm

Siglo XVII

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra

Hacia 1580, san Juan de la Cruz notaba que la imagen religiosa tenía como fin «mover la voluntad y despertar la devoción» de los creyentes y por modelos escogía «las que más al propio y vivo están sacadas», al margen del «valor y curiosidad de la hechura y su ornato». Palabras ajustadas a la doctrina conciliar, aprobada años antes en Trento, que halla en la imaginería un recurso para conmover a los fieles, aleccionarlos en los principios de la fe y, de paso, contrarrestar la iconoclastia de los reformadores protestantes.

Aunque no eran novedosas, las imágenes vestideras adquieren a partir de entonces una enorme popularidad por su potencial dramático y su adaptabilidad a los ciclos litúrgicos. Pero, también, por su menor peso, aliviando algo su carga en los cortejos procesionales: funciones litúrgicas externas consideradas muy convenientes para la piedad popular dado su alto poder de sugestión.  

Para componer una de esas imágenes se modeló en barro, luego cocido y policromado, la mascarilla que exponemos: un rostro de Cristo patético y sanguinolento, que eleva su mirada y entreabre suplicante su boca. La pieza se insertaba en un vástago de madera, al que se ataba con cuerdas pasadas por los agujeros que se advierten. Ensambladas y articuladas llevaría las extremidades y un juego de costales rellenos o almohadillas le darían forma humanizada. Telas, pelucas y otros aditamentos lograrían, al fin, verismo.

La imagen de Cristo escarnecido así formada se utilizaba en evocaciones del ciclo pasional: la Coronación de espinas, el Ecce Homo o el popular Nazareno con la cruz a cuestas camino del Calvario. Tan solo bastaba con mudar de postura, ropajes y atributos a la figura para alcanzar el objetivo iconográfico deseado.

Juan Carlos Rubio Masa

miércoles, 4 de marzo de 2009

PIEZA DEL MES DE MARZO

Vinajeras

Plata moldeada, fundida, troquelada y calada

21 x 13 x 11 cm

Francisco de Paula Martos

Taller Cordobés. 1830

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra 

Marcas:

La de Córdoba, la del contraste Cristóbal Pesquero (1830/PESQUERO) y la del artífice Francisco de Paula Martos (F/MARTOS)

Aunque casi olvidada, Zafra tuvo otra feria, más antigua y de más arraigo que la de San Miguel. Concedida en 1395, se celebraba durante quince días en torno al 24 de junio, festividad de San Juan. Su esplendor llegó hasta el siglo XVIII, tras el que fue palideciendo para agonizar en la pasada centuria.

En la feria de 1830, el mayordomo del convento de Santa Clara adquiría, a un mercader de platería cordobés, estas vinajeras para servicio de la misa de diario. Mil quinientos veintidós reales con veintiocho maravedís le costaron los tres juegos que comprase, una cifra estimable si consideramos que equivalía, entonces, al sueldo anual de una maestra y la arroba de aceite no alcanzaba los veintinueve reales.

Este aderezo, compuesto por dos jarritas y una salvilla en la que se acomodan, se usa para contener el vino y el agua con los que llenar el cáliz antes del Ofertorio.

Obra de Francisco de Paula Martos, uno de los plateros más reconocidos de la Córdoba decimonónica, estas vinajeras responden a modelos neoclásicos, de ahí que el perfil elegido por el maestro para las jarritas recuerde el de ciertas vasijas de la antigüedad grecorromana: sobre peana circular perlada y gollete troncocónico, se dispone el recipiente, propiamente dicho, que muestra una panza aovada y un cuello cóncavo y asa sinuosa. La boca lleva una tapa alabeada en la que, para guardar el orden litúrgico, se ve un racimo de uvas, en una, y un pez, en la otra.

La bandeja o salvilla, de forma ovalada y orilla cóncava, tiene dos encajaduras donde asegurar las jarritas y se alza sobre pies trapezoidales con decoración vegetal esquemática calada.

Juan Carlos Rubio Masa