martes, 6 de enero de 2009

PIEZA DEL MES DE ENERO

Niño Jesús de Belén

Madera policromada

44 x 23 x 17 cm

Fray Miguel González

Tierra Santa, 1723

Monasterio de Santa María del Valle Zafra

 

La escenificación del nacimiento de Cristo, que Francisco de Asís recrease en Greccio la Navidad de 1223, supuso un giro esencial en la imagen medieval de la divinidad: la inexorable majestad apocalíptica dio paso al amable y tierno Dios-Niño, como nacido de mujer que era.

Desde entonces, la espiritualidad franciscana contribuyó a la creación y difusión de la iconografía de la niñez del Mesías, uno de cuyos primeros modelos devocionales fijados es el que lo muestra recostado en el pesebre. Como este Niño Jesús, que exponemos, tallado en Tierra Santa y réplica cuidada del que, a comienzos del siglo XVIII, se veneraba en el convento franciscano adyacente a la basílica de la Natividad de Belén.

Esta imagen articulada, cuya «grandeza es aquella que suele tener un niño recién nacido», está tallada en un «tronco de peral», cortado «de un huerto junto a la fuente en donde San Felipe bautizó al Eunuco», y fue bendecida colocada en el «pesebre en donde María Santísima reclino a nuestro Redentor cuando le pario».

Artista discreto, fray Miguel González profesó en la provincia franciscana de San Miguel, vivió y ejerció como predicador y definidor más de doce años en las misiones de Oriente Próximo. Y a la sazón, era guardián del convento de Belén, cuando talló esta copia de su Jesús Niño, a la que llegó a sumar otras dos antes de regresar a España y traerlas consigo: una la depositó en Plasencia, para que se venerase en el altar de Santa Rosa de Viterbo; otra, en el monasterio de Santa Clara de Zafra y, una tercera, en la enfermería conventual de San Benito; de donde, tras la desamortización, pasó a manos de las clarisas y es la que pueden contemplar.

lunes, 22 de diciembre de 2008

VILLANCICOS DEL MUNDO. CONCIERTO DIDÁCTICO

El pasado jueves 18 de diciembre, en el marco de la iglesia conventual, se celebró un concierto didáctico a cargo de la Coral Santa Cecilia de Zafra, dirigida por la profesora Toni Porras.

Se interpretaron villancicos como Harmonía mundi, anónimo del siglo XVI; Oh luz de Dios, popular alemán; A la media noche, anónimo; Esta noche es Nochebuena, tradicional galés; En la más fría noche, villancico norteamericano; Velo que bonito, tradicional colombiano; Adeste Fideles, de J. Reading y Los peces en el río, popular español.

Entre las composiciones se explicó al público qué era y cómo funcionaba una coral y qué son los villancicos, su origen y evolución en el tiempo.

Con este aplaudido concierto de la Coral Santa Cecilia se inicia una colaboración, que esperamos sea estrecha y fructífera, entre dos instituciones municipales zafrenses: la Escuela de Música y el Museo Santa Clara.

martes, 2 de diciembre de 2008

PIEZA DEL MES DE DICIEMBRE

Benditera

Plata en su color, repujada, grabada y fundida

28 x 17,5 x 9,5 cm

Francisco de Paula Martos

Taller cordobés. 1827

Colección Fernández Real, Zafra

Marcas: la de Córdoba, la del contraste Diego de la Vega y Torres (VEGA/27) y la del artífice Francisco de Paula Martos (F/MARTOS)

 

El agua, desde épocas pretéritas, ha sido considerada como fuente de vida y medio de purificación y regeneración. Para la Iglesia, el agua bendecida, además, evoca a Cristo que se identificó como agua viva. No es de extrañar, pues, su importancia en la liturgia y en la devoción popular.

Para contener agua bendita estaba destinada esta curiosa pieza de platería llamada benditera, que se colocaba en una de las paredes del dormitorio, para persignarse antes de dormir. Procedente del cortijo de Garay, situado a medio camino entre Zafra y Alconera, es obra del platero cordobés Francisco de Paula Martos, cuya actividad está documentada entre 1795 y 1850.

La benditera, que tiene forma de medallón del que cuelga una pilita avenerada, está ornada con ces, guirnaldas, palmas y rocallas para enmarcar un óvalo perlado con una representación de la Virgen Inmaculada. La exuberancia ornamental de regusto rococó que muestra, a pesar de lo tardía que es, contrasta con el resto de la producción neoclásica del platero, como avalan las piezas que guarda la colección conventual de Santa Clara.

La Inmaculada Concepción, que aparece como mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, es decir, como mujer apocalíptica, encinta, une sus manos e inclina su cabeza en signo de aceptación de la voluntad divina. Si la luna es símbolo de castidad, la disposición ahusada de la mujer juega con la ráfaga oval, que evoca al sol y al ostensorio eucarístico, pues su vientre fue sagrario vivo: mas la pura y limpia concepción no alude a la de Cristo, sino la de ella misma.
Juan Carlos Rubio Masa