lunes, 1 de febrero de 2016

PIEZA DEL MES - FEBRERO 2016





































La conversión de San Pablo
Óleo sobre lienzo
145 x 93,5 cm
Felipe Diriksen
Escuela madrileña
1625

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra





En el ático del retablo de la capilla funeraria del segundo duque de Feria se conserva este lienzo en el que se representa la conversión milagrosa de san Pablo camino de Damasco.

Un cuadro en el que prima el carácter narrativo, al ajustarse a lo descrito en los Hechos de los Apóstoles: en lo alto y en medio de un vórtice de nubes, aparece una pequeña figura de Cristo ordenando el suceso: un chorro de luz «venida del cielo» deslumbra a Saulo y a su blanca montura, que aparecen abatidos en tierra. Entonces «oyó una voz que le decía: Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?». Alrededor, sus compinches, «mudos de espanto», gesticulan asombrados; mientras uno de ellos, sobre su cabalgadura, huye despavorido hacia el bosque.


Obra autógrafa de Felipe Diriksen (1590-1679), que fecha en 1625, muestra cierto barroquismo tanto en la composición centrífuga de la escena, como en el uso que hace de la luz y la sombra para generar un ambiente taumatúrgico.


Diriksen, aunque de ascendencia flamenca, nace en El Escorial y se forma en el ambiente cortesano, cerca de pintores como Vicente Carducho y Eugenio Cajés. Se dedicó fundamentalmente al retrato: de 1620, en que pinta uno de Felipe III, a 1634, en que tal vez lo hace del tercer duque de Feria, se desarrolla su etapa más creativa.


También pintó obras de temática religiosa como este lienzo, que es el único conservado de los seis que tuvo el retablo y desaparecieron durante la guerra de la Independencia. 


En la capilla funeraria ducal, dedicada al dominico san Raimundo de Peñafort, se gana desde 1607 un jubileo a quienes la visiten el 25 de enero, festividad de la conversión paulina.






Restaurada durante la campaña de verano de 2015 por el equipo dirigido por el profesor Dr. D. Francisco José Sánchez Concha, Facultad de Bellas Artes, Universidad de Sevilla.
Con el apoyo de la Consejería de Cultura del Gobierno de Extremadura, el Excmo. Ayuntamiento y la Asociación de Amigos del Museo y del Patrimonio de Zafra.




Galería alta. Hasta el domingo 28 de febrero

miércoles, 13 de enero de 2016

Nuestra Señora de los Dolores en Santa Clara

Con motivo del centenario de la Asociación que le da culto, la imagen titular del siglo XVIII permanecerá expuesta en el altar mayor de la iglesia conventual hasta el sábado 23 de enero.







viernes, 1 de enero de 2016

PIEZA DEL MES - ENERO 2016





Niño Jesús de la Pasión
Madera policromada, cristal, postizos, telas y metal dorado
49 x 20,5 x 19,5 cm
Escuela andaluza
Siglo XVIII

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra




La devoción al Niño Jesús, tras el Concilio de Trento, conjugará en las representaciones plásticas la inocencia y el candor infantiles con el drama y el tormento postrero de la cruz. 


Surge, entonces, la alegoría iconográfica del Niño Jesús de la Pasión: niños compungidos que juegan con los instrumentos de su venidero martirio, que llevan la cruz a cuesta, se clavan una espina, duermen sobre la cruz o sobre una calavera…, o toman el cáliz y levantan sus ojos lacrimosos e implorantes, como si escenificaran la oración en el huerto.


Impactantes imágenes que no pertenecen a la historia evangélica, pero que conmovían el corazón de los fieles, al advertir la debilidad, propia de la naturaleza humana de Cristo, en el presentimiento en su niñez de su trágico final.  Y entre las monjas, además, eran «objeto de piadosas meditaciones» y motivo de compasión. 


Aunque las esculturas de Jesús niño eran habituales en el orbe católico barroco, es en las clausuras donde más abundaban. Cada hermana tenía, en su celda, una a su cuidado y devoción, a la que ornaba, alumbraba y rezaba. Una imagen que venía con ella, formando parte de su ajuar, cuando entraba como novicia en el convento.


Son tallas completas, pese a ser concebidas para vestirse: las monjas las ataviaban como si de un niño verdadero se tratase y aprovechaban los tiempos litúrgicos para renovarles el color de los ropajes. 


Hoy, pueden considerarse como reliquias pretéritas, pero siglos atrás suponían una sublimación de la maternidad renunciada de las sores y su asimilación a María como madre virgen, al tiempo que la aceptación espiritual del Divino Infante como esposo.






 




 
La pieza ha sido conservada durante la campaña de restauración del verano 2015
por Conso Muñoz Gonzalez y Cándido Baquero Muñoz.   


Hasta el 31 de enero. Galería alta del Museo