martes, 7 de abril de 2020

TRES MESES SIN PACO CROCHE

Ayer, 6 de abril, se cumplieron tres meses del fallecimiento de Francisco Croche de Acuña, el decano de los cronistas de Zafra. Y, hoy, hace otros tantos que recibiera sepultura en el cementerio de San Román de nuestra ciudad. 
Y, para ello, qué mejor que rescatar una biografía escrita por Juan Tomás Rayego Benítez, cuando nuestro cronista frisaba los 80 años, y publicada en la revista "Zafra y su Feria" de 2009. Sirva esta publicación como un pequeño homenaje en su memoria.



Pueden verla en el blog de los Cronistas de Zafra.


 

viernes, 3 de abril de 2020

VIERNES DE PASIÓN / VIRGEN DE LOS DOLORES

EL MUSEO EN TIEMPOS DEL COVID-19 (IV)








































La devoción a los Dolores de la Virgen en España se rastrea en la Edad Media, aunque desde el punto de vista iconográfico es fundamental la imagen que hiciese el escultor Gaspar Becerra por encargo de la reina Isabel de Valois, esposa de Felipe II, para el convento de la Victoria de Madrid.

El artista concibió la imagen, arrodillada ante la cruz, con una profunda expresión de dolor y tristeza, las manos unidas y los dedos entrelazados. Y, como era de vestir, lo fue con las ropas de luto de las viudas castellanas del siglo XVI: largas tocas blancas, mantos negros y un rosario. Más tarde, a algunas imágenes se les añade, en el pecho, un corazón traspasado por siete espadas generalmente de plata.

Este modelo se mantiene aún en la sexta década del siglo XVIII, cuando los marqueses de Encinares encargan la imagen de la Virgen de los Dolores para la entonces Colegial Insigne de Zafra.

La imagen, como era usual, solamente muestra de talla la cabeza y el busto, al que se añaden los brazos articulados y las manos que, al ir unidas, forman un bloque. Todo se asienta sobre un candelero o armazón de listones de madera, que sirve para dar altura a la imagen.

Su rostro, que transmite una expresión de dolor contenido, es muy naturalista y muestra un modelado delicado y una policromía suave. Logra un mayor verismo al utilizar ojos de cristal, lo mismo que las lágrimas que caen por sus mejillas, y pestañas postizas.







miércoles, 1 de abril de 2020

PIEZA DEL MES / ABRIL 2020


UNA PIEZA DEL MES PARA LOS TIEMPOS DEL COVID-19

A pesar de que el Museo está cerrado por la pandemia que sufrimos, no queremos abandonar el programa "La Pieza del Mes", que iniciamos en abril de 2007, pocos meses después de abrirse al público. 
Ahora, como es imposible mostrar piezas de la colección que guarda la clausura, hemos seleccionado piezas de la colección permanente que o ya se conocen o pueden ser vistas cuando toda esta aflicción pase y el museo vuelva a abrir sus puertas.
Y vamos a comenzar con una de las piezas más modestas, pero con una larga historia detrás.



Cuchara de Madre Celia
Madera
24 x 4 cm
Segunda mitad del siglo XX
Monasterio de Santa María del Valle, Zafra




























  









Desde los más remotos tiempos, la humanidad se ha servido de instrumentos, además de los dedos o la concavidad de la mano, para llevarse alimentos a la boca. 

De las cucharas tenemos ejemplos desde el Neolítico, si obviamos el uso previo de conchas de moluscos para consumir, por ejemplo, los líquidos que destilaban las carnes al ser asadas.

Todas las culturas del mundo han usado y usan cucharas elaboradas con los más variados materiales (metales, porcelana, hueso, madera…) y las más diversas formas, tanto de la cazoleta como del mango. Mudando estas y aquellos en razón del estatus social, los gustos temporales o los diferentes usos a los que se destinen en la mesa o la cocina.

Las de madera o de palo han sido siempre propias de gente humilde, por ello las clarisas o hermanas pobres de Santa Clara, además de la templanza en su alimentación, han venido usándolas para ayudarse a consumir la sopa o el guisote que se servían en una escudilla, junto a una navaja que les ayudaba a cortar el pan.

Esta cuchara perteneció a sor Celia del Espíritu Santo (1916-1994), conocida como Madre Celia por haber sido muchos años abadesa del convento. Su vida fue un ejemplo del ideal clariano de austeridad y mortificación. Gustaba de la oración contemplativa en extremo, guiada siempre por el espíritu de pobreza.