martes, 1 de marzo de 2022


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lámpara votiva
Plata en su color, repujada, cincelada, recortada y fundida
117.5 cm x 49.6 cm Ø
Carece de marcas
Taller zafrense
1619

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra




Las lámparas votivas, frecuentes en los ajuares litúrgicos, se usan para iluminar permanentemente al Santísimo Sacramento, por lo que penden junto al sagrario, o a alguna santa imagen de fuerte arraigo devocional en su capilla. 

Constan de plato, cadenas, vaso y colgador, siguiendo los patrones de la platería del Seiscientos que se mantuvieron vigentes, excepto en el plano decorativo, hasta el siglo XIX. 

En la que ven, el plato muestra una saliente pestaña a la que siguen dos niveles convexos en los que la decoración geométrica y de roleos vegetales aumenta para acoger tres cálices con su hostia encima. Entre ambos, se dispone una banda con la inscripción «ESTA LANPARA MANDO HACER DOÑA CATALINA DE ANDRADE RELIGIOSA Y ESCLAVA DEL SANTISIMO SACRAMENTO AÑO DE 1619», que viene a remarca el uso sacramental de la misma. Culmina en un perillón alargado.

Las tres cadenas, compuestas por eslabones alternantes a modo de cartelas, suspendidas de otras tantas asas, alcanzan un colgador, de perfil bulboso ornado de manera similar al plato.

Pendiente de las cadenas está el vaso para contener el aceite, en el que sobrenadaría una mariposa, una pequeña mecha sujeta a un disco flotante que, encendida, alumbra mientras va consumiendo la grasa. El vaso cuelga en el centro del plato, por lo que sirve para recoger tanto el aceite vertido, como las chispas o restos de la combustión.

 

 

 

 

 

 

 

 

Galería alta
Hasta el 31 de marzo de 2022


martes, 1 de febrero de 2022

PIEZA DEL MES / FEBRERO 2022


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

San Pedro de Alcántara
Óleo sobre lienzo
Escuela andaluza
Segunda mitad del siglo XVII

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra



La restauración reciente de unas pinturas devolvió a la luz varios fragmentos de otras que, por su mal estado, habían sido rotas para remendar desgarros.
Uno de esos fragmentos recuperados muestra a un fraile, de rostro arrobado, sentado en un sillón junto a una ventana abierta a un paisaje montañoso, en el que se alzan unas edificaciones apenas esbozadas. 

Es una pequeña parte de un cuadro que, a pesar de no mostrar elementos iconográficos determinantes, entendemos que representa a san Pedro de Alcántara (1499-1562). 

El hábito con capa y capucho grande que viste son los propios de los frailes de la reforma de la descalcez franciscana de finales del siglo XV, que le tuvo como santo más famoso, de ahí que sus seguidores fuesen conocidos como alcantarinos. 

El rostro ascético, sin barba y la cabeza calva no se alejan de la descripción fisionómica conocida del santo. Además, esa mirada elevada y extática parece contemplar al Espíritu Santo que, en forma de paloma, le estaría inspirando su obra, por lo que el lienzo lo representaría en su faceta de escritor.

Precisamente, aquí en Zafra, en el desierto de La Lapa, se encontraba el convento de San Onofre en el que redactaría su popular Tratado de la Oración y de la Meditación, mientras se ocupaba de su guardianía (1532-1535). Tenía entonces poco más de treinta y tres años. Puede que el aspecto joven que presenta aluda a ese momento vital y la edificación bosquejada, al convento.

 

 

 

 

 

 

Del 1 al 28 de febrero de 2022
Galería alta


sábado, 1 de enero de 2022

PIEZA DEL MES / ENERO 2022


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




Noli me tangere
Óleo sobre tabla
106,68 x 73,66 cm
Seguidor de Martín de Vos
Escuela Flamenca
Finales del siglo XVI

Colección HRD, Zafra



La iconografía de esta tabla está tomada fundamentalmente del Evangelio de Juan (20 1-18), al tratar sobre el día de la resurrección de Cristo. 

En la madrugada del domingo, estaba María Magdalena llorando, junto al sepulcro vacío, cuando Jesús se le aparece y le dice: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». 

María, que piensa que es el hortelano, por eso se representa a Jesús cubierto con un sombrero, le ruega que le diga que ha hecho con el cuerpo. Mas, al llamarla por su nombre, reconoce al Maestro.

La expresión latina Noli me tangere, que da título a la composición pictórica y que puede traducirse por “no me toques”, es la que el Resucitado emplea para rechazar la efusividad consiguiente de la Magdalena, que siguiendo al evangelista Mateo (28 9) se arroja a los pies de Jesús. 

En la tabla, se acompaña de otras dos mujeres, «María la de Santiago y Salomé», que portan las jarras de perfumes que llevaban para embalsamarle (Marcos 16 1).

Como fondo, el huerto y su cerramiento abalaustrado, Jerusalén y la cueva del sepulcro con «dos hombres con vestidos resplandecientes» dentro (Lucas 24 4).

La tabla sigue con fidelidad un dibujo del flamenco Maerten o Martín de Vos (1532-1603). Pintor de cuadros de altar para iglesias y capillas católicas de Amberes, durante el dominio calvinista (1583-1585), se dedica al dibujo de estampas para grabadores coetáneos, como lo era Johan Sadeler el Viejo (1550-1600) que se encargará de su estampación.  


 
 
 
 
 
 
 
Galería alta
Hasta el 31 de enero de 2022